Hoy en día, prácticamente todos conocemos las ventajas del diseño sustentable: esta corriente que surgió en los años sesenta como respuesta a la obsolescencia planificada fue reavivada a principios del siglo 21, fomentando la creación de productos cada vez más éticos y estéticos.
En la búsqueda de nuevos procesos y materiales que respondan a esta tendencia, el cartón se fue posicionando como un elemento de especial interés por ser reciclable, resistente, versátil y económico. Entre las múltiples e insólitas posibilidades que ofrece (como la creación de bicicletas, puentes, cafeterías y hasta ¡catedrales!), el desarrollo de mobiliarios y accesorios de interior se convirtió en uno de sus usos más frecuentes.
A los diseños del brasileño Domingos Tótora y la empresa argentina Pomada, hay que sumar los espectaculares muebles de Karton. Esta compañía australiana desarrolla desde camas hasta bibliotecas producidas exclusivamente con este material. Según su director, Ralph Wollner, la elección del cartón radica en que es asequible, duradero, estético y 100 por ciento reciclable. Además, los productos son ligeros y versátiles: se pueden mover, aplanar y almacenar con mucha facilidad.
Así, por ejemplo, la mesa se corre de una habitación a otra y la cama se arma y desarma en función de los huéspedes que haya en el hogar. Este último diseño, conocido comoBed Paperpedic, es una de sus más exitosas creaciones: ya se vendieron más de mil unidades. Es que, gracias a su sistema de encastre, la estructura se distribuye en embalaje plano y se puede montar en unos pocos minutos -en su sitio se ofrecen los tutoriales para hacerlo-.
Además de la cama, Karton vende cajoneras, mesas para el televisor, bibliotecas, sillas, bancos de oficina, juguetes para niños y una gran variedad de accesorios. Se pueden adquirir los juegos completos desde 300 dólares y lo bueno es que si alguna pieza se daña se ofrecen los repuestos a precios muy accesibles.
Todos los productos son de diseño exclusivo y altísima calidad: están hechos con una mezcla de papel virgen y reciclado, lo que asegura mayor resistencia y funcionalidad. Por su parte, las colas no son tóxicas y se producen a partir de almidón vegetal, permitiendo que cada pieza se vuelva a reciclar.






